sábado 3 de diciembre de 2011

Las últimas nubes


10 de marzo de 1912

La sencilla muchacha, que yacía delante de él ya respiraba otra vez regularmente y mantenía los ojos cerrados solo por miedo y turbación, no podía constituir un problema para él; con la punta del pie podía él, el hombre grande y fuerte apartar a la muchacha. Ella era débil e insignificante, (...). El río se extendía tranquilo entre las praderas y los campos hacia los montes lejanos. La luz del sol quedaba en la explanada del otro borde. Las últimas nubes cruzaban bajo el cielo para anochecer.

Diarios íntimos
Franz Kafka


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