Mis arbitrarias contradicciones son lo único que me queda a la hora de despertar algún interés. Así, me dibujo y me borro y me vuelvo a dibujar sobre las líneas mal trazadas de un boceto perpetuo. Mi atractivo -de tener alguno- siempre residió en el cambio constante. Mi singular verdad resplandece en las múltiples facetas de lo falso. En realidad nunca fui lo que se dice una persona original. Siempre preferí el certero arpón clavado con gracia en el flanco de la ballena de turno.
Rodrigo Fresán
Señales captadas en el corazón de una fiesta
La velocidad de las cosas



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