Sigo tan sediento de absoluto como cuando tenía veinte años, pero la delicada crispación, la delicia ácida y mordiente del acto creador o de la simple contemplación de la belleza, no me parecen ya un premio, un acto o una realidad absoluta y satisfacción. Sólo hay una belleza que todavía puede darme ese acceso: aquella que es un fin y no un medio y que lo es porque se creador ha identificado en sí mismo su sentido de la condición de artista. En cambio el plano meramente estético me parece eso: meramente. No puedo explicarme mejor.
Julio Cortázar
Rayuela
Capítulo 112



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